El Poder de Perdonar

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La madre de Sta. María Goretti con su hijo -- ¡el asesino de María!

¿Acaso no les parece una tierna foto de una madre anciana con su hijo?  La historía detrás de esta foto es más allá de nuestra capacidad de imaginar.

Es que a la izquierda tenemos a la madre de Santa María Goretti, y el varón con ella es el asesino de su hija, Alessandro Serenelli.

La familia Goretti era bien pobre, y vivían con otra familia, los Serenelli, ambas familias aparceros en la misma granja.  Alessandro se crió en una familia problemática.  Su mamá murió en un hospital psicológico cuando era muy joven, y su papá era un alcohólico violento.  No es de extrañar que Alessandro era un adolescente sin sosiego.

Alessandro hacía insinuaciones a menudo a María.  Un día, nada iba a impedir a la lujuria de Alessandro, y en una rabia atacó a María, apuñalándola catorce veces.  Las últimas palabras de María fueron, “Le perdono a Alessandro Serenelli… y lo quiero conmigo en el cielo para siempre”.

La pobrecita Sra. Goretti ahora no pudo proveer para su familia, y tuvo que dar en adopción a sus cinco hijos.  ¿Quién podría faltar a ella por guardar rencor contra Alessandro?

Siguiendo de corazon impenitente y corajudo, Alessandro era tan violento, que tuvieron que detenerlo en  aislamiento en la cárcel.  Aunque Sta. María Goretti no pudo convertir el corazón duro de Alessandro en la tierra, desde el cielo lo visitó un día.  En una visión, le regaló catorce lirios… uno para cada puñalada.  Alessandro comprendió instantáneamente el significo – ella lo perdonó, y pidió por el obispo en seguida, para confesarse.

Ahora reformado y reo ejemplar, salió de la cárcel después de veintisiete años.  La Nochebuena, buscó la Sra. Goretti, tocó la puerta, y le preguntó si sabía quien era.  Por supuesto sabía.  Le pidió su perdón, y ella le contestó a Alessandro, “Si María te perdona, y Dios te perdona, ¿quién soy yo, para no perdonarte?”  Los dos caminaron juntos a la Misa de Gallo y comulgaron de rodillas, uno al lado del otro.  Alessandro confesó su crimen ante toda la congregación y pidió su perdon también.  Luego, Asunta adoptó a Alessandro como su propio hijo.

Alesandró vivió una vida humilde, sirviendo en un monasterio franciscano de portero y jardinero.  Era tan tierno y dulce que todos los niños en la primaria franciscana lo llamaban “Tío”.

El perdón — puede ablandar el corazón más duro.  Nunca temamos perdonar, ni pedir perdón.  Lo que no puedes, Cristo sí puede.

Santa María Goretti, ¡ruega por nosotros!