Novena de Nuestra Señora de Lourdes

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Queridos Amigos de San Judas:

En los baños de Lourdes, el cristiano es expuesto de cuerpo y alma sin ropa ante su Madre. Desnudo, el visitante es sumergido en las aguas frías siendo asistido por los ayudantes del lugar. Sin embargo, el momento está saturado por completo de confianza en la intercesión de Nuestra Señora, cuya presencia materna impregna todo el Santuario. Es en este momento de vulnerabilidad infantil, cuando las heridas de la carne y el corazón quedan expuestas ante la Madre de la Misericordia.El calor de su abrazo maternal cura todas las heridas de la vida.En los baños de Lourdes, el cristiano vislumbra de nuevo esa simplicidad original para la que fue creado, la inocencia de su renacimiento en el bautismo y la alegría de llegar a ser santo en la eternidad ante el Señor.

Su aparición a la pastorcita, Santa Bernadette, fue humilde y sin pretensiones. Al principio, los informes casi describían a una amiga contemporánea de Bernadette. Nuestra Señora apareció como una joven de dieciséis o diecisiete años (solo un par de años mayor que Bernadette en ese momento) y no hablaba en francés, sino en el idioma local, el occitano. Al igual que en otras apariciones, nuestra Señora aparece vestida de una manera hermosa pero modesta, sin pretensiones pero muy femenina. Sosteniendo en su mano derecha un Rosario de cuentas blancas con una cadena de oro que brilla como las dos rosas doradas en sus pies.

En Lourdes, nuestra Señora dijo muy poco, pero logró mucho. Aunque en apariencia es una niña, nuestra Señora se convierte en maestra y guía, doctora y sanadora. Sus declaraciones a Bernadette son pocas y no muy a menudo es lo que recuerda la historia.

Las palabras de la Virgen son forjadas por la dolorosa sabiduría de una antigua matriarca. El sufrimiento y la penitencia son su mensaje, y almismo tiempo solicita que una capilla se construya en el lugar de sus apariciones. Sobre todo, ella declara: “Yo soy la Inmaculada Concepción”. Esta es una declaración de identidad como la Madre de Dios y de su propia “aprobación”, el mismo dogma declarado por el Papa Pío IX solo cuatro años antes de las apariciones. La misión de Nuestra Señora es clara: que losCristianos se conviertan en lo que realmente están llamados a ser. Nuestra madre busca el regreso de toda la humanidad a casa, a su Hijo.

Visitar a Lourdes como peregrinos es una experiencia poderosa y única, pero su maternidad no se limita a un solo lugar. A lo largo de la historia, ella ha sido la peregrina buscando a quienes no pueden peregrinar. Ella reza por los perdidos e intercede por todos los que invocan su nombre. Como ejemplo, cada febrero realiza una visita especial aquí al Santuario de San Judas en San Francisco, donde se ofrece una Novena de nueve días de oración y predicación en su honor. Para nosotros es un tiempo de gracia y sanación en Cristo su Hijo, por la poderosa mediación de la Virgen en nuestro nombre0

En Cristo nuestro Señor,

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Fray Vicente

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