Novena de un Mes Por Todas las Almas

Categories: Artículos

 Ayudemos y conmemoremos a nuestros difuntos. Si los hijos de Job fueron purificados por el sacrificio de su padre (Job 1, 5) ¿Por qué dudaríamos de que nuestras ofrendas a los muertos les otorgarán consuelo? No vacilemos en ayudar a los fieles difuntos ofreciéndoles nuestras oraciones. – San Juan Crisóstomo

Queridos Amigos de San Judas,

Un joven le preguntó una vez a Nuestro Señor: “Maestro, ¿cuál es el mandamiento más importante de la ley de Dios?” (Mateo 22, 36). Nuestro Señor dio la respuesta que ha existido desde el comienzo de la humanidad y existirá hasta el fin de los tiempos. “El primero es, amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, y el segundo, amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

¿Qué tienen estos dos mandamientos en común? ¿Por qué Dios los uniría tan estrechamente que el hombre nunca podría separarlos sin arriesgar su propia alma? Dios es amor, y el amor siempre, siempre busca el bien y el bienestar del otro. Dios primero, y luego nuestro prójimo; y el amor no puede descansar hasta que encuentre la paz y la comunión en lo que ama. Tengan en cuenta a las Ánimas Benditas. Ellas no pueden darnos nada a cambio de nuestras oraciones y sacrificios; pero cuando amamos, no esperamos nada a cambio, solo damos amor por el amor y por el bienestar de los demás.

Estos dos mandamientos están especialmente vinculados a las Animas Benditas porque se ocupan de lo que no podemos ver. San Juan dice, “… alguien que no ama a su hermano, siendo a quien puede ver; no puede amar a Dios, a quien no ha visto” (1 Juan 4, 20). Oramos por nuestros hermanos y hermanas a quienes ya no podemos ver en esta vida, porque el amor es lo que supera nuestra falta de visión. El ojo no los ve, pero el corazón sí. Y el amor no nos dejará descansar hasta que estemos con ellos – nuestra querida familia, amigos, hermanos y hermanas, todos formando uno, todos descansando con Dios, quien es la fuente del amor. El amor vive, ¡incluso cuando el cuerpo muere! Es por eso que Nuestro Señor dice en Sus Bienaventuranzas: “Bienaventurados los que lloran”– porque tenemos Su promesa de que el amor es más fuerte que la muerte, y el objeto de nuestro amor aún vive.

Así que el mes de las Santas Animas, noviembre, no es un mes de tristeza, sino más bien un mes de amor, y un gran testimonio del poder del amor hecho carne en Cristo, en la búsqueda de salvarnos de nuestros pecados y de nosotros mismos. Sabiendo todo esto, durante este mes, podemos atrevernos a esperar, podemos atrevernos a amar, y a ofrecer nuestras oraciones y Misas por todos nuestros fieles difuntos que han partido. Esta es verdaderamente una de las cosas más bellas de nuestra Santa Fe. ¡Bendito sea Dios!

Sinceramente en Cristo y San Judas,

Fray Dismas Sayre, O.P., Director

Inscribirse en la Novena