¿Una muerte “feliz”?

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Hoy, al enterarnos de la grave enfermedad de una amiga de nuestros frailes que está en un hospital para enfermos terminales, ofrecimos una Misa ara pedir la gracia de una buena muerte.

Suena algo macabre, “buena” muerte, o como se dice tradicionalmente “feliz” muerte, ¿no?  ¿Qué hay de “buena” o “feliz” en una muerte?

En este caso, las dos palabras son sinónimos de “beata” o “bendita”.  No hablamos de un estado emocional, ni de un hecho que nos alegre.

A propósito de una muerte feliz o buena, acabamos de celebrar la Solemnidad de San José, patrón de buena muerte.  Es patrón de esto, porque aunque las Escrituras no tienen detalles de la muerte de San José, suponemos que murió rodeado por Nuestro Señor y la Virgen en su lecho de muerte.  Uno de nuestros altares laterales lleva imagen de esta escena.

Lo que pedimos en una buena muerte es que, sabiendo que la muerte viene por cada uno de nosotros, sin faltar y sin excepción alguna, también es parte de nuestra peregrinación a nuestra patria celestial, a los brazos de Dios Padre, que nos creó en Su amor, a Dios Hijo, que nos redimió en Su Sangre Preciosísima en Su amor, y a Dios Espíritu Santo, que nos santificó en Su amor.  Rezamos para que el moribundo pueda hacer sus paces con Dios y sus seres queridos antes de que llega aquel hora tremenda.  En nuestra experiencia, hay demasiades muertes repentinas, sin la posibilidad o gracia de prepararse y hacer las paces.

Por lo tanto, es cierto que un acto recto y piadoso rezar por una “buena muerte” por alguien que se acerca a esa hora.  No significa desear que muera, sino que vuelva a nuestra patria bien preparado y en plena gracia.  Entonces, ¿por qué no rezar por esa gracia y bendición para alguien?